el aire, lo que queda.
¿Es esto
lo que pasa?
Y pasa,
pasa siempre.
Y no vuelve.
Aquello,
que dejas antes,
regresa, marcha
se queda quieto
sin nada
adelante.
La calle está vacía,
las ventanas son cristales de las casas
que están llenas de refugiados que esperan dormir
otra noche,
mientras el quizá se queda en sueño esperando
un tal vez, quién sabe...
Sin embargo todo se encamina hacia la nada,
y yo soy un hombre como otro cualquiera,
que pasea como siete mil millones que pasean
y que sin saber nada
te miran,
en su apogeo más alto,
inaccesible, irremediable
necesario y terrible
como tantas cosas,
inútil, como tú misma.
Por eso hoy cierro las ventanas de mi casa con cuidado,
con el gesto estúpido de un hombre con futuro,
y espero no salir jamás a ver el aire,
esperando la muerte
con la certeza de que la vida
es el engaño más terrible de la vida.